Papeles rebeldes que dicen que no
Comienza la única posible forma de revolución por estos días, acá no hay mucho por decir o lo que suena mas triste, esta todo dicho. Apenas uno se despierta observa innumerable cantidad de sujetos subordinados a un sistema, castigados por una época que irremediablemente funciona para apagar cualquier voluntad de cambiar las cosas. A decir verdad, mientras escupo estas palabras que me permiten respirar, me doy cuenta que aquí no comienza nada, que la historia ya comenzó, que la guerra ya la pelearon y la perdieron, que lo que intento descifrar es un acertijo que no existe, el muerto ya esta enterrado y el asesino es ahora el juez. No hay caso.
Entonces insiste con mi pesada pregunta de para que, acaso no sirva nada de todo, es muy posible que no y a mi vida no la mejora este instante detenido frente a una maquina que brilla pero que no ilumina.
Los trenes se suceden unos a otros, los rebeldes son castigados, los curas profesan su forma brutal de imaginar el mundo, algún nazi se arrepiente de haber cedido y pregunta si es muy distinto esto de aquello. Los medios de comunicación acercan a los que están cerca y los aísla completamente a los que están lejos, la distancia es la misma, las palabras tienen el mismo significado y un clasista es tan o mas hijo de puta que otro clasista.
Hasta hace poco, imagine un mundo mejor posible, los buenos ayudando a los malos a ser buenos, los tristes explicando a los contentos que no es de mala gana que se hacen las cosas. Los ricos dividiendo con los pobres y siendo todos mas o menos parecidos, los que piensan que el amarillo es amarillo charlando abrazados con los que lo creen rojo.
Los de acá contentos con los de allá y los de allá felices con los de acá.
Imagine un mundo posible, paseando con mi viejo, recorriendo los arroyos de aquel pueblo en traslasierra y que hoy sueño tan lejos de mi, y comentando cuan poca o mucha arena trajo la creciente este año.
Hasta hace poco creí posible volver a jugar con la pelota en la misma cancha.
Pero la pelota y la cancha no están mas, a la cancha le edificaron encima un edificio para guardar camiones y a la pelota se la llevaron chicos que no sabían para que servía y la dejaron cuadrada.
Melancólico miro hacia atrás y me doy cuenta de que no hay camino de regreso, los asesinos asesinan el pasado y el asesino no es otro que el reloj, ese que indica, que avisa que el tiempo a pasado fugaz y cobarde.
Hasta hace poco creí que era escritor. Ya no lo soy, ya no lo creo. Ahora bostezo frente a un libro de Borges y me inclino por la literatura mas rutinaria, leo infinidad de publicaciones y me compadezco de que quizás uno podría decir las cosas de forma mas bonita.Soñaba aun un sueño posible, queria y queria.
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Que he de temer?. No le doy a mi vida mas valor que el de un alfiler. EN cuanto a mi alma, ¿que podra hacerle? si es inmortal.
J.L.BORGES
J.L.BORGES
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