Ella dijo que el amor se esfumaba, que la gracia divina de la juventud y las cosas, es finito e inevitable. Dejo entrever que la gloria siempre es ajena y sonrió ese instante antes de cerrar la puerta.
El diluía entre sorbos, lagrimas que a poco se gastaban, futuros que en si eran imposibles, amores que a lo sumo ocuparan solo un presente imperfecto. Dejaba de contestar preguntas por el hecho de hacer otras y en el simple sueño, sonrió.
A los cuatro meses de separarse, ella tenia bien en claro su dedicación por las artes, por el sexo explicito y las drogas blandas. El sabia que las cosas no podían transformarse, que la sociedad iba camino al fracaso y que los cobardes uno a uno se habían marchado.
Hasta que paso lo de siempre, nada.
Apenas se recuerdan algunas tardes, miran al cielo y desean que algo parecido les vuelva a suceder mientras levantan del espejo la ultima línea y se sumergen en el olvido-
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Que he de temer?. No le doy a mi vida mas valor que el de un alfiler. EN cuanto a mi alma, ¿que podra hacerle? si es inmortal.
J.L.BORGES
J.L.BORGES
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