martes, 7 de agosto de 2007

Lo primero fue la gloria del primer beso, los instantes aplastados en uno. El amuleto que se transformo en recuerdo, el despertar de la pesadilla para caer en el sueño. La palabra. Te quiero.
Después, vino la costumbre, los besos en la cama, la silueta conocida, la situación, el desencanto. La mirada furtiva hacia atrás en busca de esos otros ratos en donde todo estaba por hacerse, la pesadez de lo que no sucedió, la carga de lo que soñado no se hizo, el milagro en las manos, derretido y la palabra. Te necesito.
Antes del final, los sorbos, las lagrimas, las borracheras, los listados de reproches y la furia del porque no. Los laberintos vencedores, el hilo cortado en la mano, el crucigrama sin terminar. Los inmortales recuerdos que duelen, las ganas de olvido. El caos y la palabra. No va más.

No hay comentarios:

Que he de temer?. No le doy a mi vida mas valor que el de un alfiler. EN cuanto a mi alma, ¿que podra hacerle? si es inmortal.
J.L.BORGES